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miércoles, 8 de febrero de 2012

Amanecer


Amanecimos ayer a lo largo del día. Lo hemos conseguido por primera vez en mucho tiempo.
Me quedé dormida por un momento con todas estas preocupaciones mías y nos desperté, nos asusté como muchas noches. Sin embargo, estuviste ahí, como siempre haces. Me abrazaste con tu maravilloso instinto de protección, como siempre haces, en la vigilia y en el sueño. Qué increíble don el tuyo: ser capaz de girarte hacia mí siempre en mi oscuridad y arrullarme hasta la calma.

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