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sábado, 21 de junio de 2014

Orugas cuesta abajo

Pero cuánto hay de ella en mí (pregunta/admiración). Nos sabemos ya criados por el fantasma. Madre en llamas abrazada a sus hijos, inflamándoles con miedos. Pero ella no soy yo y sin embargo sigo siendo ella. Paseante verde por largas calles, altos puentes. Cómo no ser yo, si la vida apenas me sonríe y es suficiente para seguir caminando. No necesito más y tal vez debería ir más allá, o no. Horrendo y viscoso miedo sentado en mi cabeza, asfixiándome las vértebras con un dolor insoportable. Miedo. Eduquemos al cerebro en esquivar al instinto. Civilicemos ese flujo terrible que sube tan cerca del corazón que lo deja frío de parálisis. Me muero de miedo y lucho y sobrevivo y puedo pararlo con esfuerzo titánico. No dejaré que me aplaste.

Planicie.

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