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domingo, 5 de marzo de 2017

Nova en mi regazo

Sentada en su trono, espera la princesa con la mano apoyada en la mejilla. Ya no existen motivos para permanecer en el mismo lugar. Todos han abandonado el lugar y las eternas horas de espera se convierten en desidia. Nunca creyó en un caballero de reluciente armadura. Con mayor razón, deja de creer ahora en quien no se molesta en tenderle una mano para salir del castillo en ruinas.
Dueña de sí, tira del vestido agarrado por hilachas al trono y decide marcharse del lugar. No sin cerrar tras ella el gran portón ajado.

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